El alperovichismo desafina. Y acaba de hacer tronar uno de sus mayores des-conciertos en el Gran San Miguel de Tucumán.
Octubre se despidió luctuoso y el fallecimiento de Néstor Kirchner dejó al Gobierno tucumano sonando a incertidumbre. Pero los peligrosos y avergonzantes hechos de las últimas horas no tienen que ver con aquel trágico acontecimiento sino con los desaciertos del oficialismo tucumano.
A la muerte del líder patagónico se debe, sí, que los días se hayan tornado más largos e imprecisos en el poder político provincial. Aunque el gobernador cuenta en su gabinete con palmeadoras de espalda que le aseguran que en Buenos Aires todos ponderan la sobriedad de su participación en las exequias, no son menos los funcionarios que admiten que hubo señales poco felices desde el Ejecutivo nacional durante el miércoles fatídico. Sin más, José Alperovich embarcó aquel día en Tucumán con la idea de llegar al Calafate, pero le pidieron que se quedara en Buenos Aires. Y por la tarde le dijeron que tampoco viajase a Río Gallegos para el entierro. De hecho, se volvió a Tucumán antes de que los restos del ex jefe de Estado partieran hacia su destino final.
A la partida del presidente del PJ corresponde, también, que el funcionariado ande dibujando toda clase de mapas de poder para ocultar todo lo desorientado que está. Las únicas rutas claras indican que, por ahora, hay que hablar con Carlos Alberto Zannini (secretario Legal y Técnico) por cuestiones institucionales, y con Oscar Parrilli (secretario general de la Presidencia) por asuntos político. Pero nadie sabe a dónde conducirá el camino de Máximo Kirchner. Tanta es la falta de certezas que el mismísimo gobernador dijo que viajará el lunes a Capital Federal para hablar de "política" con el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido. Y para tratar de aventar el fantasma de la incomunicación, José Alperovich relató el jueves que habló con la Presidenta, Cristina Fernández, para transmitirle sus condolencias: eso mismo estuvo haciendo hace diez días durante más de seis horas.
A la partida del "pingüino mayor" debe asignarse, también, que en la Municipalidad de la capital, donde reside la segunda figura del oficialismo local, las cosas no sean menos desesperantes. El intendente, Domingo Amaya, empachó a una parte importante del vecindario con su decisión de que a San Miguel de Tucumán se ingrese ahora, desde el Oeste, por la avenida Kirchner. El mismo reconoció ante algunos colaboradores que estaba dispuesto a pagar los costos y que quienes no son peronistas nunca iban a entender la medida. Pero si puso en juego su perfil de "hombre moderado" y se calzó el traje de populista fue también para presentar una "carta de fidelidad" ante el Gobierno nacional en el que, al igual que Alperovich, no era con Cristina sino con Néstor con quien hablaba, incluso, de los fondos públicos. En la gobernación, cada tanto, se oía renegar de que los únicos recursos nacionales que llegaban a Tucumán por fuera de su control eran los que se enviaban a la administración amayista. El ex presidente, políticamente, sólo estaba casado con su esposa.
Ahora bien, la muerte de Kirchner llega hasta ahí. Los incidentes en Alderetes corren por exclusiva cuenta y orden de las decisiones electorales erráticas y contradictorias que se han tomado de manera prematura y desastrada en Casa de Gobierno.

Florecieron las internas
Claro que no puede endilgarse la violencia física (incluyó destrozos y amenazas de quemar viva a una persona) a las primeras líneas del Poder Ejecutivo. Pero, para incomodidad alperovichista, el intendente Julio Silman señaló con nombre y apellido a Aldo Salomón, funcionario del Ministerio del Interior y esposo de la legisladora Graciela Gutiérrez. No hay margen para que el poder político se haga el desentendido.
Es más, hace dos domingos, LA GACETA publicó un informe especial sobre cómo van perfilándose las listas de candidatos del oficialismo en las tres secciones electorales y reveló que, desde la Casa de Gobierno, el mensaje para Salomón fue que si él decidía competir con Silman por la intendencia de Alderetes no le darían un lugar a su esposa en la nómina oficial del Este. Antes, Salomón había impuesto a sus ediles en la conducción del Concejo de esa ciudad. Después, Silman decidió que pedirá a funcionarios que no le "responden" que tomen licencias forzosas.
Este alperovichismo "preelectoral" es desconocido. Hasta ahora, el gobernador había mantenido un criterio amplio y aperturista en materia comicial: el que quisiera competir, que compita y sume votos. Huelga decir que esa idea le dio grandes resultados. Ahora, en cambio, hace una cosa en la capital y otra en el interior.
Al Este y al Oeste, donde el territorio abarca 18 municipios y 93 comunas, decidió decir desde su despacho quién sí y quién no. Y, como si fuera un recién llegado al PJ, pretende que los tachados deben trabajar alegres por el triunfo de los elegidos, es decir, deben esforzarse para que, con su trabajo, otros les arrebaten el control territorial.
En San Miguel de Tucumán, en cambio, no bendijo a nadie: el que quiera llegar, que habilite un acople, mandó. Y aunque su teoría es que ahora ningún candidato se relajará sino que todos trabajarán, el resultado, hasta aquí, es otro. En rigor, esta capital se ha convertido en un huerto de internas peronistas. Dado lo acotado del distrito en cuestión, los dirigentes no trabajan por conseguir más voluntades para el alperovichismo sino para mantener los votos para sus acoples y, eventualmente, rapiñar los de la competencia. Todo ha devenido en un esquema de clientelismo feroz y costoso, con contrabando y piratería de punteros al mejor postor, y con situaciones cada vez más tensas entre los históricos con apellido y los recién llegados con billetera, que conforme se acerquen los comicios empeorará antes que mejorar.
La novedad real, según lo reconocen en el propio palacio gubernamental, es que acaso por primera vez, el mandatario actúa como un "gobernador entornado": como un líder que ha empezado a retraerse y que le hace caso cada vez más a su entorno.

El modelo profundizado
La única maniobra clara dada por el Gobierno en estas horas "Post Néstor" ha consistido en apostar por lo propio. Y mientras el país aguarda gestos y acciones de Cristina para determinar cuál será el futuro de su proyecto político, el alperovichismo resolvió ratificar profundizar su modelo de gestión durante esta semana.
Como ocurre desde que el inicio de la gobernación, el Ejecutivo remitió el proyecto de Presupuesto 2011 y la Legislatura resolvió, tal como informó la comisión de Hacienda, que no habrá copias para nadie. Ni siquiera los oficialistas podrán tener un juego de fotocopias del cálculo de recursos y de gastos, según el cual el Estado dispondrá el año que viene de $ 9.806 millones.
El Presupuesto es, a la vez, el plan de gobierno del año que viene y el detalle de la plata del pueblo que se invertirá para concretarlo. Eso quedó privado de ser público. Eso impide que puedan formularse dos tipos de preguntas. Por un lado están las puntuales. Por ejemplo, si Alperovich reconoció el miércoles que se recaudaron 158 millones en octubre, ¿por qué prevén, revalúo inmobiliario incluido, que Rentas recaudará menos el año que viene? Pautaron $ 1.500 millones, es decir, 125 millones por mes.
Por el otro lado están los interrogantes generales. Concretamente, ¿en qué van a gastar $ 9.806 millones el año que viene? Lo que da lugar a una cuestión algo más amplia. Surge, en primer lugar, del hecho de que, desde que llegó al poder, el alperovichismo aplica el mismo criterio ocultista respecto del Presupuesto General de la Provincia. Y se alimenta, en segunda instancia, de que a los planes habitacionales, a la nueva ruta 38 y al programa Argentina Trabaja los paga la Nación. Entonces, ¿en qué se usaron los $ 37.000 millones que pasaron por el erario en los últimos siete años?
El rumbo alperovichista está firme. No hay marcha atrás con el modelo de privatización de la política. Por el contrario, se avanza hacia su segunda fase: la privatización de los fondos públicos.